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Huerto en Casa – El Suelo

El Suelo

El suelo no es otra cosa que la descomposición de la roca madre en partículas más pequeñas. A su vez, cuando las raíces de las plantas profundizan y va creciendo vegetación, se forma una capa de materia orgánica cuando las hojas y los frutos se caen. Todo ello, unido a los desechos de los animales, forma una capa superficial que se va descomponiendo y que finalmente se convierte en humus.

En el suelo se cierra un ciclo en el que participan el aire, el agua y la tierra creando todo un ecosistema. Los componentes inertes del suelo son la arena, la arcilla y la materia orgánica. Si añadimos agua y aire, y una serie de componentes vivos, como los hongos y las bacterias, obtenemos un ciclo que regenera constantemente el suelo para poder cultivar cualquier producto con éxito.

Componentes del suelo

Arena: Materia Inorgánica mineral, que airea el suelo y lo hace más poroso.

Arcilla: Materia inorgánica mineral, con alto contenido de sales minerales. Retiene el agua y da firmeza al suelo.

Materia Orgánica: Producto de la descomposición y cobijo de seres vivos. Es un aislante térmico.

Tipos de Sustrato

Según la composición que tenga el suelo será mejor cultivar unas plantas u otras, aunque es posible rectificar un suelo sabiendo cuáles son sus defectos o excesos.

Además de la composición química, que veremos con más calma en el apartado del pH del suelo, hay que saber qué tipo de suelo tenemos, su textura y compactación; los hay finos y gruesos y los hay también tan rocosos que son imposibles de cultivar.

Cuanto más esponjoso y aireado esté un suelo, mejor será para cualquier cultivo. Tengamos en cuenta una norma fundamental: si en el paisaje predomina el granito, la pizarra o la roca volcánica, la acidez del suelo será mayor, y si son calizas o yesos, se trata de un pH básico. Por supuesto, no todo consiste en observar las rocas, la vegetación silvestre y espontánea también da pistas acerca de la fertilidad del suelo y, por ejemplo, allí donde crezca el romero, sabremos que hay un sustrato básico o alcalino.




Existen 5 tipos de sustratos:

Suelo Arcilloso: Con más de un 25% de arcilla. Cuando está húmedo es pegajoso y si se seca, forma terrones compactos, por lo que es muy difícil trabajar.

Suelo Arenoso: tiene una proporción del 10% de arcilla y el 70% de arena. Retiene poco agua y no resulta muy bueno para el cultivo.

Suelo Franco: con entre un 10% y un 25% de arcilla, un 60% de arena y entre  el 5% y el 10% de caliza y humus, es el terreno más fértil y equilibrado, el mejor y el más cómodo para trabajar.

Suelo limoso o turboso: es compacto y fino, para poderse aprovechar, necesita un aporte extra de arena o arcilla y suele oxigenarse mal, aunque sí es muy fértil.

Suelo pedregoso: con tanta cantidad de piedras y grava que no es posible cultivar hortalizas.

El pH del Suelo.

El pH es el indicador de la acidez o alcalinidad. En la huerta se emplea para saber la acidez o alcalinidad del agua o del sustrato. Su numeración varía desde el 0 (que representa el valor más alto de acidez) hasta el 14 (que se refiere al valor más alto de alcalinidad). El neutro sería el pH 7.  Hay que saber que no se pueden contemplar valores extremos en horticultura, ya que ninguna planta crece por debajo del pH 3.5 ni por encima del pH 8.5. Así tendríamos que la media para trabajar una huerta en buenas condiciones sería un pH 6.5

Existen analizadores de pH de venta en tiendas especializadas para jardinería. Solo hay que tomar una muestra del sustrato, diluirla en un vaso de agua destilada y esperar unos minutos a que los sedimentos se posen en el fondo. Entonces se vierte en el analizador y se añaden los reactivos. Cambiará de color y podremos ver un una tabla a qué pH se corresponde.

Hortalizas adecuadas a cada tipo de suelo

El suelo arenoso puede ser bueno para cultivar espinacas, espárragos, zanahorias, tomates y patatas, mientras que el suelo arcilloso es mejor para sembrar habas, guisantes, coles y árboles frutales. Los suelos arcillosos, por su tendencia a encharcarse, son los peores para sembrar hortalizas de raíz, ya que la pudriría fácilmente.

Para mejorar la calidad del suelo, lo mejor es añadir materia orgánica y mezclar con tierra, de manera que obtengamos un terreno lo suficientemente mullido, fácil de trabajar, bien aireado y drenado, así como rico en nutrientes y con un pH adecuado.

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